LUIS ALONSO

 

 

Raúl Fernández Sobrino
25 años de arte contemporáneo

La evolución de la escultura en la Ciudad de Palencia en último cuarto de siglo se articula en torno a la herencia de tres figuras: Victorio Macho, Mariano Timón y Luis Alonso Muñoz. Entre los tres, suman mas de una docena obras escultóricas en el espacio público de la Ciudad. Mariano Timón da nombre a la Escuela de Artes y Luis Alonso Imparte docencia en la misma desde 1971 y ocupa la dirección desde 1988. Las tendencias renovadoras, representadas por las aportaciones de Felipe Montes y, potencialmente, por las aisladas comparecencias expositivas en la escena local de Antonio González de la rosa, Niño Barriuso o París Matía, no han calado en medios locales. Sin embargo, la trayectoria artística y docente de Luis Alonso ofrece un vínculo de ligazón y continuidad entre la escultura en Palencia en el tercer y el último cuarto de siglo.

Nacido en Palencia en 1945, cumplimentó un recorrido formativo característico de la docencia artística española de los años cincuenta y sesenta. Ingresa en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Palencia, donde inicia sus estudios de dibujo y modela­do y colaborara con Mariano Timón, director del centro. Éste, ade­más, orienta el interés del joven Luis Alonso hacia la escultura y las posibilidades del modelado, tan importante a lo largo de su trayec­toria posterior. Finalizada esta primera etapa, se traslada a Toledo, donde colaborara en el taller del escultor palentino Victorio Macho, en la realización de algunos monumentos. Cursa estudios superiores de escultura en Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, aunque los finaliza en la de San Fernando de Madrid.
La concesión de una beca le permite residir en Italia a finales de los sesenta, ampliando su visión de la escultura y perfeccionado las téc­nicas de trabajo. Reside en Carrara y en Roma y realiza una exposi­ción individual en Florencia. Es en este momento cuando adquiere una visión más moderna de la escultura, lo que lleva a ampliar estu­dios en Francia, Grecia y Yugoslavia. Vivencias y enseñanzas que irán transformando su visión artística. Desde la figuración adquirida con Victorio Macho, Mariano Timón y en las Escuelas Superiores de Bellas Artes, evoluciona hacia la aplicación de procesos de estilización y abstracción de la realidad. La sólida formación le permite experi­mentar, profundizar en nuevas formas y volúmenes sin abandonar los principios clásicos.
En su obra se aprecia la preocupación por la concepción volumétrica de la escultura, a la que llega mediante la geometría y el ritmo, por la variedad en acabados y las texturas. Ofrece dos líneas de experimentación. Por un lado la experimentación formal, centrada en el "estudio por­menorizado de la forma, la compensación de los volúmenes, unido a la obtención del mejor equilibrio de los espacios vacíos"1. Esta investigación le emparenta con figuras internacionales de la segunda mitad de siglo, como Barbara Hepworth, Jorge Oteiza, en su preocupación por el vacío, o Eduardo Chillida, en la búsqueda de una plástica expresionista de la forma abstracta.
En segundo lugar, la investigación centrada en el material, que en los últimos años le ha llevado a  trabajar con bronce negro, madera de olmo, alabastro y hierro. Los materiales le permiten "continuar evolucionando a partir de sus premi­sas iníciales, comprometiéndose cada vez más con nuevos retos, investigando y experimentan­do tanto en los planos de concepto, la forma y el espíritu, como en el mejor empleo de la mate­ria, obteniendo con ella diferentes cauces de expresividad, con los que nos proporciona nue­vas vías de comunicación creativa"2. El meticulo­so trabajo de acabado de las superficies y una gran limpieza del corte, que desvelan el esmera­do modelado, son comunes a la totalidad de su obra y nos desvelan la pervivencia de los princi­pios adquiridos en su proceso de formación.
En la década de los noventa, muestra su obra en ámbitos diferentes. Expone en Alemania, en la Galería "Luisa Hausen", y en la Galería "Adriana Schmidt", de Colonia y colabora con el grupo Semicolon, difundiendo los resultados de los procesos de investigación mencionados y la profundidad de su trabajo. En la escena artística local, desarrolla una importante labor didáctica, tanto en la docencia y en la dirección de la Escuela de Artes de Palencia, como en su faceta de comisario y promotor de notables exposiciones escultóricas, como "Colección CAPA. Esculturas", celebrada en 1997 en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural Provincial de Palencia o la más reciente "Escultura en la calle. Colección CAPA", de 1999, celebrada en el magnífico marco de la Plaza de san Francisco de Palencia.
Por último, debemos señalar su aportación a la escultura en el espa­cio público en la Ciudad de Palencia. Obras como el "Monumento al arquitecto Jerónimo Arroyo" situado en la céntrica Boca plaza de la Plaza Mayor, el "Monolito conmemorativo al Donante de Sangre", el "Monumento a la Constitución", en la plaza del mismo nombre, el "Monumento al Espacio", en el patio del Instituto de Educación Secundaria Jorge Manrique, el "Monumento alegórico al Deporte" situado frente al edificio del Palacio de los Deportes o el grupo escul­tórico "Hermano Benito Menni", en el Hospital San Juan de Dios, nos recuerdan la complejidad que conlleva, y el detenido estudio del espacio urbano de acogida que exige, toda intervención de tales características.

 

1  Joaquín Soria Torres, "Luis Alonso Muñoz", en Artistas Palentinos Contemporáneos, Palencia, 1984.
2  Joaquín  Soria  Torres,  "La  obra  escultórica  de  Luis Alonso", en Senderos del Arte, Palencia, 1993.

Raúl Fernández Sobrino
25 años de arte contemporáneo

 

UN ARTISTA LLAMADO LUIS ALONSO
José Luis Mellado Santamaría

No sé en estos momentos de mi vida, después de largos años de vínculo personal con él, si siento más admiración que respeto, más fascinación por lo que a mí me resulta impensable e imposible, que sorpresa, por lo que me sigue provocando la obra de Luis Alonso, pero lo cierto es que escribir sobre él o su obra me resulta relativamente fácil pues no voy a dar la visión de un crítico de arte (que no lo soy), ni la valoración de un entendido (que tampoco lo soy en modo alguno). Quiero simplemente hablar de lo que de él he podido ir conociendo después de estos años y de lo que su obra me provoca, me evoca, me convoca.

Ha habido muchas y variadas influencias en su vida y en su obra, pero ha habido algunas que a mi juicio son definitivas: su padre Justiniano; uno de sus primeros maestros, Mariano Timón y el singular Victorio Macho.
Es muy probable que el azar jugara un papel importante en la conjunción de todos los personajes que a continuación irán apareciendo, pero estoy convencido de que la mayor parte de las veces confundimos lo que es del ámbito de las casualidades con lo que es un puro acto de deseo puesto de manera inconsciente al servicio del protagonismo de nuestras vidas, mezclado con un férreo tesón, con una firme convicción.

Desde luego que no fue la casualidad la que hizo que un joven con inquietudes, bastante inadecuadas en los tiempos que corrían, se pusiera en contacto con aquel maestro fundamentalmente dedicado a las artes funerarias. Me refiero a como el joven Justiniano Alonso con 12 años, entró en contacto con un maestro tan particular como Julio Gato.
No eran tiempos proclives para inquietudes artísticas Tiempos de más miseria que de arte; tiempos de más necesidades que de escultura. Palencia en aquellos difíciles años, era poco más que un pueblo y sin embargo en mitad de esa dura tierra de secano cultural, aparecían, como frescas aguas, gentes con el espíritu suficiente para poder sacar en medio de tantas dificultades, un hueco para lo bello, un espacio para la estética.

Justiniano compatibilizaba su trabajo de aprendiz con el maestro, con las clases en la Escuela de Artes y Oficios, para sacarse la espina de la creación, la inquietud de expresar con sus manos el movimiento, la fuerza o los sentimientos. Tampoco fue casualidad para este joven, que el maestro Gato, conociera al genial palentino Victorio Macho. Y digo que no es casualidad por el hecho de que son las distintas sensibilidades las que hacen que algunas personas se agrupen, de modo casi tribal, en torno a estas.

Esas sensibilidades impropias, inadecuada en la época provinciana y de casi supervivencia, fueron las que aglutinaron a estas personas que además de vivir en la realidad, la contemplaban y la interpretaban, tratando de dar una visión plástica de ella, con la que poder salir, al menos parcialmente, de un mundo cargado de necesidades perentorias, de un mundo donde había un escaso margen para la cultura, para la creación, de un mundo donde la miseria cultural campaba a sus anchas; en ese espacio se encontraban, en ese espacio buscaban, en ese espacio construían un mundo donde la estética, el culto a lo bello, tenía como un respiro de frescura que rompía con la dureza de lo cotidiano.

El caldo de cultivo estaba servido. Los vínculos de amistad entre estas tres personas: Julio Gato, Victorio Macho y Justiniano Alonso anudaron sin duda, el entusiasmo suficiente para lo que después acontecería.

Ese joven Justiniano pronto se independiza de su maestro en el plano laboral y a los 25 años empieza a trabajar, realizando sus primeros encargos, también en el arte funerario. Cumple igualmente con otros designios: conoce a Pilar Muñoz, con la que se casa y de ese complejo nudo de idas y venidas, nace Luis Alonso Muñoz a quien hoy tengo el honor y el placer de dedicarle estas líneas y a quien es para mí, sin ningún género de dudas, un artista en el pleno sentido de la palabra. Luis Alonso acaricia el arte con la misma facilidad, con el mismo respeto y seguramente con el mismo impudor con el que el amante acaricia a su amada. En sus huesudas y encorvadas manos están escondidos tesoros como la delicadeza, el vacío, la ternura, el volumen rotundo, el ansia de libertad, lo solemne y lo sencillo, la risa y la misericordia, el llanto y la generosidad. Solo hay que ver algunas muestras como el Monumento a la Constitución, su particular Homenaje al Maestro de escuela, la escultura de Jerónimo Arroyo, sostén de noctámbulos y beodos conversadores. El Guerrero caído o su última obra, en la que un anciano mendigo mira con ojos de agradecimiento y esperanza al beato Saturnino López Novoa.

Detengámonos un poco más en su biografía, para poder entender lo que fue el soporte de su pasión por la escultura y sus futuras obras Desde muy niño acompaña a su padre a su entonces pequeño taller, en el que empieza a realizar, guiado de la mano paterna, sus primeros golpes de cincel en las informes piedras, tratando de sacar lo que ellas encerraban dentro: una cara, un gesto, una emoción. Su padre le enseñaba también a modelar con sus manos la arcilla, el barro, inculcándole la pasión del acto creativo, roznando con los dedos el espacio divino, emulando el relato bíblico de la creación de la mitología judéo cristiana. Los artistas, todos los artistas, los que están tocados por el soplo de la inspiración, de alguna manera son pequeños dioses que vacían lo superfino de la materia y sacan de ella, de sus profundidades, formas cargadas de expresión, de vida, de belleza.

Desde muy temprano ese entusiasmo creativo, se convierte en preferencial y de ese modo, compatibiliza sus estudios de bachiller con el aprendizaje en la entonces Escuela de Artes y Oficios de Palencia. Después de salir del Instituto marchaba a aprender Dibujo con Julio Gutiérrez y Modelado con Mariano Timón, que rápidamente observa sus dotes y su gran interés, tomándole un grandísimo afecto y permitiéndole ayudarle en sus trabajos personales de escultura.
En uno de los numerosos viajes que Victorio Macho realiza a Palencia y donde se junta en ese pequeño oasis creativo con sus amigos Julio Gato y Justiniano Alonso, este último le comenta a Don Victorio, que su hijo Luis está fascinado con la escultura. Le enseña algunas de las cosas que había realizado y rápidamente Victorio observa que ese "don" le ha sido otorgado al jovencísimo Luis Alonso. De inmediato le propone que vaya los veranos a trabajar con él a Toledo, donde reside parte del año y que allí, de su mano, continué realizando sus creaciones.
Entusiasmado con la propuesta y sin dudarlo ni un instante se va con él y con el ayudante de Victorio, Máximo Revenga.

Desde los quince, años hasta los veinte, interrumpidamente trabaja con él. Victorio le acoge como a su propio hijo y hasta el mismo día de su muerte Luis estuvo recibiendo las enseñanzas de su maestro. El día 12 de Julio de 1966, por la tarde, Victorio sube al estudio, para corregir lo que Luis estaba haciendo; al día siguiente, fallece en su casa de Toledo.

Durante esos años y también de la mano de Máximo Revenga, aprende a realizar obras de gran tamaño, la técnica que implica estas piezas de gran volumen: armazones, colocación del barro, vaciado de moldes, escalas y otras que tan decisivas fueron posteriormente, para la realización de obras tan espectaculares como las reproducciones de Victorio Macho a gran tamaño, como el Monumento al Campesino Ibérico o la Aguadora del Ayuntamiento, que parten de unos pequeños originales de Macho y que Luis Alonso tan fielmente capta la expresión originaria del maestro, recreando ambas y siendo una perfecta y harmoniosa síntesis de ambos escultores.

En el año 64, se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, donde reside tres años y completa sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, dos años mas. Esta simultaneidad entre la formación académica y la formación con el maestro Macho persiste durante todos los años de su estancia en Toledo.

Cuando empieza a trabajar con Victorio, éste está realizando el monumento a Menéndez Pidal, para la Catedral de Santander. Después estuvo en la realización del monumento a Jacinto  Benavente  para  el Retiro de Madrid y con uno que tiene una especial trascendencia para los palentinos y que además permitió el trabajo conjunto de estas personas de máxima influencia en la vida de Luis Alonso. Me estoy  refiriendo al monumento a Alonso Berruguete en la Plaza Mayor de Palencia. Después de modelados los relieves del conjunto escultórico, Justiniano Alonso con sus empleados, lo tallan directamente en la Plaza Mayor de Palencia, por el sistema de puntos, a excepción de la figura de Berruguete, que se talló en Toledo. De nuevo el arte aglutina a Victorio, Justiniano y Luis, en un acto creativo de tanta trascendencia para el arte palentino.

En sus frecuentes paseos por la Plaza Mayor, pienso cuando paso al lado del monumento, en ese acto creativo, en las manos de los tres, fundidas en una escultura que aglutina tanta historia; la evocación y el homenaje a otras manos creadoras como las de Berruguete. En tan poco espacio tantas manos; manos artísticas y rudas manos constructoras. Ese es uno de los momentos en los que siento algo parecido a la emoción por una cosa que tan pocas emociones me provoca: me siento orgulloso de ser de un lugar, me siento parte de una historia, me siento parte de una ciudad.

Al terminar sus estudios de Bellas Artes recibe la Beca Castellblanc y se va a Italia donde prosigue su formación en Carrara, Florencia y Roma. En el año 71 lo llama Mariano Timón para entrar en la Escuela de Artes de Palencia y compartir las clases de Modelado junto con su maestro. Esto se prolonga cuatro años, hasta la jubilación de Mariano, momento en el que se hace cargo de la asignatura como interino hasta que en el año 82 saca la cátedra de Escultura.
En la Escuela de Artes de Palencia, ha permanecido 34 años; los últimos 18 como director de la misma.

El complejo conglomerado de tantas influencias, desde las aparentemente más nimias, hasta las más insignes, desde contemplar a las lavanderas del Río Camón en su infancia, hasta ver los excelsos trabajos escultóricos italianos; desde respirar el polvo del mármol, hasta ver la voracidad creadora de Victorio Macho, desde acariciar un viejo tronco de encina, hasta el bullicioso y paciente trabajo escolar; desde los vinos compartidos con sus amigos, hasta la soledad de su estudio, han sido las que han permitido que ese "don", aparezca con tanta generosidad y provoque en los que conocemos su obra, tanto o tan poco como su vida, emociones que van mas allá de la contemplación de la materia inerte; a veces, algunas veces, Luis planea como ICARO tan cerca del sol, que muchas veces le quema las alas.

En Luis Alonso hay una parte social y una parte íntima totalmente inexpugnable y que solamente aparece en algunas de sus obras en las que retazos de su vida se desprenden de sus manos y saltan a sus esculturas: Castilla I y Castilla II, trabajos realizados en pino, olmo y encina o sus Estelas de alabastro o una maravillosa pieza de bronce, que el autor la da el nombre de Reflexión, son a mi juicio una clara expresión de ese espacio íntimo, antiguo, personal, en el que aparecen sus recuerdos de infancia, aderezados con intimas sensaciones, con emociones difíciles de sacar si no es de lo profundo de sus manos y de su alma.

Los amigos más cercanos, le hemos reprochado, no pocas veces, el que se entregara con más dedicación a otros menesteres cambiando sus pasiones, por las obligaciones laborales. Esa es otra de las características de Luis: la obstinada manera de asumir sus responsabilidades, que en muchos casos trasciende la propia responsabilidad y de un modo terco y obsesivo se enmaraña en cuestiones de índole laboral, enmascarando por momentos al artista.

He dicho ya las que a mi juicio han sido las personas de más influencia en su manera de concebir, de parir, de crear y recrearse en el arte, pero sería una verdad a medias si no mencionara a personas que están presentes en todos los momentos de su ajetreada vida, en los que a veces resulta muy difícil sortear las múltiples y variadas maneras de complicamos la existencia sino no contáramos con los incondicionales, con los héroes silenciosos, con los "de verdad de la buena". Su compañera Lourdes (a la que yo siempre me refiero como "mi amiga, la guapa") y sus hijos Javier y Marina, con los que también tengo el honor de compartir algunas veladas, algunas intimidades y algunas aficiones; son, como decía D. Antonio Machado, "en el buen sentido de la palabra, buenos" y yo, que no soy D. Antonio, pero algunos ripios y algunos sonetos hago, añado qúe son ocurrentes, generosos, solidarios, con una sensibilidad especial para la injusticia y con el talento y el talante suficiente para no dejarse ahogar por la presencia de un artista, que deambula omnipresente por la casa.

Son las pequeñas cosas, las cosas de la cotidianeidad las que más marcan, aun sin tener un claro conocimiento de ello, nuestras vidas, nuestra capacidad de entender el mundo.

En el caso de Luis, son absolutamente determinantes: su familia, sus amigos, su compromiso cotidiano con lo artístico, su entorno ciudadano, su vivencia del pueblo de Fuentes de Valdepero donde hace mas de treinta años tiene su casa refugio, su casa de encuentros y reflexiones, donde realiza muchas de sus obras y donde pasea llenándose de esta dura tierra castellana, de materias firmes y colores crudos, de cielo claro y horizonte abierto. Esta tierra, muchas veces inhóspita, fría, yerma, han configurado en parte el espíritu de este creador como queda reflejado en muchas de sus obras: "Profeta", realizada en madera de nogal o uno de sus torsos, hecho en piedra caliza o sus maravillosas "Estelas I y II" en un reluciente alabastro o su delicada "Paloma" en bronce con brillo cegador.

No he hecho, casi de manera consciente ninguna referencia a sus numerosos premios de escultura, ni a las muchísimas exposiciones realizadas, tanto en todo el territorio español como en Alemania, Italia, Grecia, Yugoslavia, pues la importancia escultórica de Luis Alonso es indiscutible, pero he querido resaltar lo que para mi es verdaderamente importante: su persona en el sentido amplio y en su concepción de la expresión de lo bello. La importancia de los artistas no pienso que tenga que ver con el reconocimiento social o del colectivo mismo de artistas. Los muchos premios recibidos, el reconocimiento de su valor como escultor en el panorama del arte nacional e internacional, no creo que sean lo auténticamente determinante en Luis Alonso, lo que le hace grande, genial, sensible, perfeccionista, es su vínculo con esa cotidianeidad de amigos, de entorno, de no haber perdido ni una sola de sus raíces, de estar siempre con los ojos abiertos capturando un entorno que el lo convierte en mágico, bello. Ahí me encuentra, en ese espacio es donde mi admiración se anuda con mis vínculos personales y podemos compartir la visión de un árbol, el sabor de un vino o el olor de las eras castellanas, el gusto por la conversación o un largo paseo por tierras de Fuentes.

Mi último homenaje, he querido dejarlo en forma de poesía: sirva como tributo de mi admiración, mi respeto y mi más profundo cariño.

A LUIS ALONSO

Desde sus camuflados
Y escondidos ojos
contempla el aire, el fuego, la materia.
Desde sus manos,
repletas de historia,
inaugura nuevas formas de energía,
y el aire se convierte en oquedades,
y el fuego en movimiento,
y la materia en vida.
Espacios de vacío y de presencia,
manos, movimiento,
quietud, tristeza, orgullo
donde antes sólo había
tierra, árbol, piedra.

 

 De José Luis Mellado Santamaría sacado de la revista horizontes nº 14

 

 
Valdepero